Offline
Todos somos Gaza: cuando el cine se convierte en memoria viva
El documental de Hernán Zin, nominado al Goya, irrumpe en nuestra agenda cultural de espectáculos como un testimonio urgente filmado desde el corazón de Gaza, donde la cámara resiste al silencio y transforma el dolor en relato colectivo.
Por Ezequiel Ponce
Publicado en 14/01/2026 14:05
Cine

Todos somos Gaza, el nuevo documental de Hernán Zin, llega a nuestra agenda cultural de espectáculos como una obra urgente, necesaria y profundamente incómoda. Nominada a los Premios Goya en la categoría de Mejor Película Documental, la película no busca consuelo ni neutralidad: busca memoria, voz y presencia en un tiempo en el que el silencio también mata.

 

Hay algo en el gesto de mirar que define a esta película. Mirar cuando no se puede entrar. Mirar cuando ningún reportero internacional pisa Gaza desde 2023. Mirar, aun así. Todos somos Gaza es una pieza cinematográfica única porque el cine, aquí, no llega desde afuera: nace desde adentro del horror. Un grupo de cineastas palestinos, dirigidos a distancia por Hernán Zin, filmó su propio genocidio. No como espectáculo, sino como testimonio. Con una poesía visual que duele y una ética que incomoda.

 

Zin, director de Nacido en Siria, Nacido en Gaza y Morir para contar, vuelve a la Franja desde la continuidad y no desde la repetición. Esta película es heredera directa de Nacido en Gaza (2014), aquel documental que siguió la vida de diez niños y niñas durante la ofensiva israelí de hace una década y que también fue nominado al Goya. Diez años después, el tiempo no trajo paz: trajo nombres propios que crecieron entre ruinas.

 

 

Bisan tiene 18 años, estudia para entrar a la universidad mientras las bombas caen y sueña con ser periodista. Udai, 22, perdió dos hermanos más y aun así quiere casarse. Mohamed, también de 22, lucha por alimentar a sus hijos en medio de la hambruna. Sus historias no están narradas desde la épica, sino desde la persistencia cotidiana, esa forma silenciosa del coraje que rara vez ocupa titulares. En primera persona, la cámara acompaña desplazamientos forzados, bombardeos, duelos familiares. No hay música que suavice, no hay montaje que distraiga.

 

“Es como si alguien hubiese tenido una cámara en Auschwitz”, dice Zin. La frase no busca comparación fácil, sino advertencia histórica. El director, nominado por cuarta vez a los Goya y también a premios Emmy, Grammy Latino, Forqué y Platino, subraya que esta nominación llega “en un momento durísimo para Gaza, con un invierno muy crudo y con el 50% del territorio aún en manos israelíes”. El cine, aquí, no es una carrera de premios: es una forma de resistencia.

 

 

Desde Argentina, donde la cultura también discute su lugar frente a las injusticias globales, Todos somos Gaza dialoga con una tradición de cine político y social que no separa estética de ética. Habla de identidad, de marginalidad forzada, de infancias atravesadas por la violencia estructural. Y nos interpela como espectadores: qué hacemos con lo que vemos, cuánto dura nuestra empatía, a quién le pertenece el dolor ajeno.

 

Para quienes siguen de cerca la obra de sus artistas favoritos, este documental no es solo una nueva película de Hernán Zin: es la consolidación de una misión cinematográfica que insiste en mirar donde el mundo aparta la vista. En nuestra agenda cultural de espectáculos, pocas obras tienen hoy este peso político y humano.

Comentarios
¡Comentario enviado exitosamente!

Chat Online