En la vasta biblioteca de la canción iberoamericana, donde conviven voces que dialogan a través del tiempo como si compartieran un mismo anaquel invisible, acaba de abrirse un nuevo volumen imprescindible: HOMENAJE A MARÍA ELENA WALSH por JOAQUÍN SABINA. No se trata de un simple gesto conmemorativo ni de una evocación melancólica, sino de una afirmación vital que irrumpe en el presente con la fuerza de lo necesario.
Rosa León, una de las voces cardinales de la canción de autor en España, vuelve al estudio no por nostalgia, sino por una convicción ética y estética: rendir homenaje a una de las creadoras más profundas de la cultura en español. María Elena Walsh no fue solo una escritora para la infancia, como tantas veces se la redujo en el imaginario europeo, sino una autora lúcida, irónica y políticamente incómoda, capaz de escribir versos que aún hoy interpelan con precisión quirúrgica a nuestras sociedades. En Argentina, su nombre forma parte de la memoria colectiva; en España, su obra adulta aguarda todavía su reconocimiento pleno.
El proyecto, titulado Cartas de amor a María Elena Walsh, se presenta como un acto de restitución cultural. No es un disco de versiones al uso, sino una reconstrucción afectiva de una obra que nunca dejó de ser contemporánea. La intención no es reinterpretar, sino volver a mirar con los ojos limpios, devolverle a Walsh su complejidad, su hondura literaria y su vigencia moral.
El primer adelanto del álbum es Como la cigarra, interpretada por Rosa León junto a Joaquín Sabina, en una colaboración que adquiere una dimensión simbólica particular. Sabina, recientemente retirado de los escenarios tras su gira de despedida Hola y adiós, presta su voz inconfundible a una canción escrita por Walsh tras superar una enfermedad, convertida con el tiempo en himno de resistencia, de regreso a la vida y de obstinada esperanza. Aquí, su interpretación no se impone, sino que acompaña; no grita, sino que susurra, como quien conoce el valor de las palabras cuando han sido vividas.
La producción corre a cargo de Alejo Stivel, cuya implicación ha sido decisiva para que este proyecto tomara forma. Su enfoque sobrio, respetuoso y minucioso pone las canciones en primer plano, sin ornamentos innecesarios, permitiendo que la obra de Walsh respire con naturalidad. El sonido del disco es coherente, austero y profundamente honesto, alineado con la intención central del proyecto: servir a las canciones, no servirse de ellas.
El álbum reúne además a artistas de distintas generaciones y sensibilidades, unidos por una admiración compartida hacia María Elena Walsh y hacia la propia Rosa León. No se trata de un desfile de nombres, sino de un encuentro genuino entre voces que entienden la música como un acto de transmisión cultural, como una forma de memoria activa. En ese sentido, el disco se convierte en una obra coral, donde cada intervención suma sin desplazar el eje central.
Para comprender la dimensión de este homenaje, conviene detenerse en la figura que lo inspira. María Elena Walsh nació en Villa Sarmiento, provincia de Buenos Aires, el 1 de febrero de 1930, y murió en Buenos Aires el 10 de enero de 2011. Fue poetisa, novelista, escritora, dramaturga, cantautora y compositora, una creadora total cuya obra atravesó géneros, públicos y generaciones. En su país fue catalogada como mito viviente, prócer cultural y blasón de casi todas las infancias, pero su legado excede con creces el ámbito infantil.
Creció en una familia de clase media ilustrada y se formó en la Escuela Nacional de Bellas Artes Prilidiano Pueyrredón, donde egresó como profesora de dibujo y pintura. A los quince años comenzó a publicar en revistas como El Hogar y Sur, y en el diario La Nación. Su primer libro, Otoño imperdonable, apareció en 1947 y recibió elogios críticos tan contundentes que la Fundación Williams la becó para residir en la casa del poeta Juan Ramón Jiménez en Maryland, donde entró en contacto directo con la cultura literaria estadounidense.
De regreso en Argentina, publicó Baladas con ángel y, disconforme con el clima de censura que percibía durante el gobierno de Juan Domingo Perón, partió a París junto a la cantante Leda Valladares. Allí formaron un dúo artístico que durante una década difundió el folclore del norte argentino en Europa, grabando discos fundamentales como Cantos de Argentina, Bajo los cielos de la Argentina, Entre valles y quebradas y Canciones del tiempo de Maríacastaña. La disolución del dúo en 1962 marcó el cierre de una etapa y el inicio de otra, igualmente fecunda.
A fines de los años cincuenta y comienzos de los sesenta, Walsh se volcó al trabajo televisivo y al repertorio infantil, no como un género menor, sino como un territorio de experimentación poética y musical. Tutú Marambá, Los sueños del Rey Bombo, Doña Disparate y Bambuco, Canciones para mirar y personajes inolvidables como la Vaca Estudiosa, la Tortuga Manuelita, la Mona Jacinta y el Mono Liso redefinieron la relación entre poesía e infancia en lengua española. Sin embargo, lejos de quedarse en ese registro, pronto orientó su escritura hacia el público adulto.
El país del Nomeacuerdo marcó en 1966 el cierre de su ciclo infantil y el comienzo de su colaboración con Oscar Cardozo Ocampo. Juguemos en el mundo, estrenado en 1968, fue decisivo para la música popular de fines de los años sesenta y setenta. En ese período escribió canciones emblemáticas como Zamba para Pepe, Serenata para la tierra de uno, Barco quieto, La Juana y Los ejecutivos, y desarrolló una intensa carrera en los escenarios del café-concert y el teatro de revista.
Tras el golpe de Estado de 1976, Walsh sintió que el show había terminado y decidió dejar de componer y cantar. Con el retorno de la democracia, y luego de atravesar un cáncer óseo, se integró al Consejo para la Consolidación de la Democracia y fue asesora ad honorem de la Secretaría de Desarrollo Humano y Familia. Recibió numerosas distinciones, entre ellas el título de Ciudadana Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires, la Orden de la Sonrisa otorgada por Polonia y doctorados honoris causa.
Publicó más de veinte discos y escribió más de cincuenta libros. Su obra fue interpretada por artistas como Mercedes Sosa, Jairo, Joan Manuel Serrat, Luis Aguilé, el Cuarteto Zupay y, por supuesto, Rosa León, quien desde hace décadas es una de sus principales difusoras en España. Incluso tras su retiro, Walsh continuó escribiendo artículos periodísticos y participando activamente del debate cultural.
El escritor Leopoldo Brizuela afirmó que lo escrito por María Elena configura la obra más importante de todos los tiempos en su género, comparable a Alicia de Lewis Carroll o a Pinocchio, y que revolucionó la manera en que se entendía la relación entre poesía e infancia. Esa afirmación, lejos de ser hiperbólica, ayuda a entender por qué este nuevo proyecto discográfico no es un simple tributo, sino una operación cultural de largo alcance.
HOMENAJE A MARÍA ELENA WALSH por JOAQUÍN SABINA no es, en rigor, un homenaje en singular, sino una constelación de homenajes: de Rosa León a Walsh, de Sabina a ambas, y de todos ellos a una tradición de la canción que entiende el arte como un acto de responsabilidad. Lejos de plantearse como un regreso al uso, este disco se instala como un gesto necesario, un recordatorio de que las canciones verdaderas no envejecen: cambian de voz, cambian de cuerpo, pero no pierden su sentido.
Rosa León, con una trayectoria de más de cinco décadas y diecinueve discos publicados, es una figura esencial de la música española contemporánea. Su interpretación de Al Alba permanece como una de las versiones más emblemáticas del cancionero moderno, y su compromiso con la palabra, la cultura y los derechos de los creadores ha sido constante. Fundadora de la Sociedad Española de Derechos de Autor de músicos, su carrera no se mide solo en discos, sino en coherencia, rigor y transmisión.
Este nuevo trabajo no busca agradar por complacencia, sino conmover por verdad. Su medida última no es el mercado, sino una pregunta íntima y decisiva: ¿le habría gustado a María Elena Walsh? Todo indica que sí. Y en esa afirmación silenciosa, casi secreta, reside la verdadera legitimidad del proyecto.