En su nuevo trabajo, la banda del oeste bonaerense construye un paisaje sonoro denso y eléctrico donde conviven la crítica, la emoción y una búsqueda constante por incomodar y expandir los límites del rock
Hay discos que suenan como una declaración, y otros que funcionan más bien como una advertencia. 0%, el nuevo álbum de Winona Riders, parece moverse en ese filo incómodo donde la música deja de ser solamente un canal de expresión para convertirse en un espacio de confrontación. No es un disco que pida permiso. Tampoco uno que intente agradar. Es, más bien, una descarga.
Formados en 2018 en el oeste de Buenos Aires, Winona Riders viene construyendo su camino desde abajo, con una identidad sonora que mezcla sin pudor el rock stone, el krautrock, el noise y la psicodelia. Un cruce que no busca síntesis sino fricción. Desde sus primeras grabaciones en vivo, como Niceto lado B 02.08.2019 y Strummer bar 06.03.2022, hasta su primer álbum de estudio en 2023, la banda fue delineando un universo propio, donde lo crudo y lo expansivo conviven en tensión permanente.
Después de la pandemia, ese universo encontró su lugar natural en el escenario. El boca a boca, impulsado por redes sociales pero sostenido por la experiencia en vivo, convirtió cada show en un ritual compartido. Una especie de comunión ruidosa donde el público no solo escucha, sino que también resiste.
Con 0%, su quinto álbum, la banda retoma ese pulso pero lo lleva a un terreno más áspero. El disco se presenta como una postal del presente: un mundo atravesado por el hartazgo, la traición, la necesidad de creer en algo —aunque sea en medio del caos— y la sensación constante de vértigo. Las canciones no ofrecen respuestas, pero sí dejan expuestas las preguntas.
Musicalmente, el álbum se apoya en bases rockeras que funcionan como columna vertebral, pero rápidamente se desvían hacia zonas más inestables. Hay actitud punk, sí, pero también capas de sintetizadores que abren grietas, texturas que se diluyen en ecos dubs y momentos donde la oscuridad parece tomar el control total. Sin embargo, en medio de esa densidad, aparecen pequeños destellos de luz, pausas que no alivian sino que expanden la tensión.
La frase “la batalla es cuerpo a cuerpo”, que el propio grupo utiliza para describir el espíritu del disco, no suena exagerada. En 0%, cada tema parece librar su propia pelea interna. Contra el mundo, contra uno mismo, contra la idea de lo que debería ser una canción. No hay fórmulas evidentes, ni estructuras cómodas. Hay, en cambio, una búsqueda constante por empujar los límites.
La historia reciente de la banda también habla de esa insistencia. Tras el lanzamiento de Esto es lo que obtenés cuando te cansás de lo que ya obtuviste en 2023, Winona Riders amplió su alcance con giras por fuera de Buenos Aires y luego por Latinoamérica y Europa. En paralelo, fue consolidando una presencia cada vez más fuerte en la escena, con participaciones en festivales masivos y un crecimiento que no parece responder a las lógicas tradicionales de la industria.
Pero si algo define a Winona Riders no es solo su expansión, sino su manera de habitar el ruido. No como un exceso, sino como un lenguaje. En 0%, ese lenguaje se vuelve más directo, más incómodo, más urgente. Como si la banda hubiera decidido dejar de rodear ciertas ideas para decirlas de frente, aunque eso implique romper con todo lo que había construido antes.
En un contexto donde gran parte de la música parece buscar validación inmediata, Winona Riders elige otro camino. Uno más incierto, más denso, más honesto. 0% no es un punto de llegada. Es, en todo caso, una nueva grieta por donde seguir avanzando.