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Tres mujeres: secretos, deseo y silencio en la nueva película de Leyla Bouzid
Tras su paso por la Berlinale, el esperado drama que explora la identidad y el amor en una sociedad restrictiva llega a los cines el 22 de mayo con una historia íntima y profundamente política
Por Ezequiel Ponce
Publicado en 16/04/2026 23:42
Cine

Tres mujeres: el susurro que desafía al silencio llega a los cines el 22 de mayo

 

Hay historias que no irrumpen: se filtran. Se deslizan por los márgenes de lo permitido hasta ocupar un espacio incómodo, persistente. Así llega Tres mujeres, la nueva película de Leyla Bouzid, una obra que, tras su paso por la Competición Oficial del Festival Internacional de Cine de Berlín, aterriza en salas el próximo 22 de mayo con la distribución de LAZONA.

 

En el centro del relato está Lilia, una joven que regresa a Túnez para asistir al funeral de su tío. Ese retorno, que en otras películas podría ser apenas un punto de partida narrativo, aquí se convierte en una detonación íntima. La muerte, envuelta en circunstancias extrañas, abre una grieta por donde se filtran secretos familiares, tensiones generacionales y una verdad cuidadosamente escondida. En esa casa donde conviven tres generaciones de mujeres, el silencio no es ausencia de palabras, sino una forma de lenguaje.

 

Tres mujeres propone un cruce sutil entre el drama familiar y el thriller. Sin embargo, lo verdaderamente inquietante no está en la investigación de la muerte, sino en aquello que nunca se dice en voz alta. La película se sitúa en una sociedad donde la homosexualidad está penalizada, y ese dato no funciona como contexto decorativo, sino como una fuerza que modela cada gesto, cada decisión, cada vínculo.

 

La propia Bouzid lo plantea con claridad: su película busca representar un amor que ha sido sistemáticamente borrado. No solo de la vida pública, sino también de las imágenes, de las narrativas, de la ficción misma. En ese gesto hay una intención política, pero también una apuesta estética. Filmar lo que no tiene representación implica inventar una forma de hacerlo visible sin traicionar su fragilidad.

 

 

El elenco sostiene esa tensión con una precisión notable. Eya Bouteraa encarna a Lilia con una mezcla de contención y desborde que acompaña su proceso de autodescubrimiento. A su lado, Hiam Abbass aporta una presencia magnética, reconocible para quienes la han visto en producciones internacionales, mientras que Marion Barbeau completa un triángulo interpretativo que evita cualquier simplificación. No hay personajes planos: hay capas, contradicciones, zonas grises.

 

La crítica internacional ha respondido con entusiasmo. Se ha destacado la sensibilidad del retrato, la solidez del reparto y la capacidad de la directora para construir una atmósfera envolvente. Algunos medios subrayan la dimensión lírica de su mirada; otros, su habilidad para deslizar elementos de thriller político dentro de un relato profundamente íntimo. En todos los casos, hay un consenso: Tres mujeres no es una película complaciente, pero sí profundamente necesaria.

 

Más allá de su trama, la película se inscribe en una línea de trabajo coherente dentro de la filmografía de Bouzid, que ya había explorado la juventud, el deseo y la libertad en títulos anteriores. Aquí, sin embargo, el foco se estrecha y se vuelve más incisivo. La familia, lejos de ser refugio, aparece como un espacio donde se negocian identidades y se heredan silencios.

 

El estreno viene acompañado de pases de prensa en Barcelona el 18 de mayo y en Madrid el 20 de mayo, anticipando la llegada a salas de una película que no busca el impacto inmediato, sino una resonancia más duradera.

 

En un momento donde muchas historias parecen diseñadas para consumirse rápidamente, Tres mujeres apuesta por otra lógica. La de los relatos que se quedan. Los que obligan a mirar de nuevo. Los que, incluso después de terminados, siguen formulando preguntas.

 

Quizás por eso su mayor potencia no está en lo que muestra, sino en lo que deja vibrando. En esas vidas que, durante demasiado tiempo, han sido relegadas al susurro y que ahora, por fin, encuentran una forma de ser escuchadas.

 

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